NUNCA ME ENSEÑO A REZAR

abril 26, 2010

Palabras como las de “rezar”, “misa”, “instrucción religiosa”, “Iglesia”, las repito con gran repugnancia interior. Aborrezco todo eso, como odio con todas mis fuerzas a los que van al templo, y en general a todas las personas y todas las cosas.

Realmente de todo nos viene el tormento. Todo cuanto nos invitó a enmendarnos antes de morir, todo recuerdo de cosas vividas y sabidas, es para nosotros una llama punzante.

De modo especial nos aflige acordarnos de haber rechazado la gracia de Dios, por haber preferido vivir casi de continuo en pecado mortal, al querer parecernos más a los pecadores libertinos que a esos buenos cristianos, que se apartan de malas ocasiones y procuran frecuentar el sacramento de la Penitencia y la Sagrada Comunión para mantenerse en gracia o recobrarla enseguida, si tienen la debilidad de pecar gravemente.

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