Carta de un alma condenada

agosto 30, 2010

Carta de un alma condenada – carta del mas alla

Este texto, fuerte y conmovedor, nos lo envia un Sacerdote Jesuita amigo, quien lo acompaña con la siguiente introduccion:

Este material no es del gusto actual, de la sociedad moderna, por supuesto del gusto mundano, ni lamentablemente de muchos entre los llamados fieles cristianos. Debemos prestar atencion hoy dia a esta realidad y verdad de fe definida en la Iglesia Catolica, acerca de la existencia del infierno y de su duracion eterna. Tristemente, el abandono consciente o inconsciente de su consideracion, esta llevando a muchos a negar su existencia, con consecuencias mas que lamentables en la conducta y en su ineludible juicio Divino. Lo que sigue, guste o no, no es argumento para adoptar la conocida actitud llamada del avestruz, de esconder la cabeza bajo las alas.

Este texto no configura ninguna definicion eclesiastica, sino que es solo un escrito privado que goza de licencia eclesiastica, para que pueda imprimirse y por tanto leerse.

Carta del mas alla

Testimonio impresionante de un alma condenada, acerca de lo que la llevo al Infierno


Dios se comunica con los hombres de muchas maneras. Las Sagradas Escrituras se refieren a muchas comunicaciones divinas hechas a traves de visiones y aun de sueños. Los sueños, no siempre son solo sueños.

La “carta del mas alla” que se transcribe seguidamente se refiere a la condenacion eterna de una joven. A primera vista parece una historia novelada. Pero considerando las circunstancias se llega a la conclusion de que no deja de tener su fondo historico, a partir de su sentido moral y su alcance trascendental.

El original de esta carta fue encontrado entre los papeles de una religiosa fallecida, amiga de la joven condenada. Alli cuenta la monja los acontecimientos de la vida de su compañera como si fueran hechos conocidos y verificados, asi como su condenacion eterna comunicada en un sueño.La Curia diocesana de Treves (Alemania) autorizo su publicacion como lectura sumamente instructiva.

La “carta del mas alla” aparecio por primera vez en un libro de revelaciones y profecias, junto con otras narraciones. Fue el Rvdo. Padre Bernhardin Krempel C.P., doctor en teologia, quien la publico por separado y le confirio mayor autoridad al encargarse de probar, en las notas, la absoluta concordancia de la misma con la doctrina catolica.

Entre los manuscritos dejados en su convento por una religiosa, que en el mundo se llamo Clara, se encontro el siguiente testimonio:

Carta del mas alla

Testimonio impresionante de un alma condenada, acerca de lo que la llevo al Infierno



Dios se comunica con los hombres de muchas maneras. Las Sagradas Escrituras se refieren a muchas comunicaciones divinas hechas a traves de visiones y aun de sueños. Los sueños, no siempre son solo sueños.

La “carta del mas alla” que se transcribe seguidamente se refiere a la condenacion eterna de una joven. A primera vista parece una historia novelada. Pero considerando las circunstancias se llega a la conclusion de que no deja de tener su fondo historico, a partir de su sentido moral y su alcance trascendental.

El original de esta carta fue encontrado entre los papeles de una religiosa fallecida, amiga de la joven condenada. Alli cuenta la monja los acontecimientos de la vida de su compañera como si fueran hechos conocidos y verificados, asi como su condenacion eterna comunicada en un sueño.La Curia diocesana de Treves (Alemania) autorizo su publicacion como lectura sumamente instructiva.

La “carta del mas alla” aparecio por primera vez en un libro de revelaciones y profecias, junto con otras narraciones. Fue el Rvdo. Padre Bernhardin Krempel C.P., doctor en teologia, quien la publico por separado y le confirio mayor autoridad al encargarse de probar, en las notas, la absoluta concordancia de la misma con la doctrina catolica.

Entre los manuscritos dejados en su convento por una religiosa, que en el mundo se llamo Clara, se encontro el siguiente testimonio:

El relato de Clara

Tuve una amiga, Anita. Es decir, eramos muy proximas por ser vecinas y compañeras de trabajo en la misma oficina M. Mas tarde, Ani se caso y no volvi a verla. Desde que nos conocimos, habia entre nosotras, en el fondo, mas amabilidad que propiamente amistad. Por eso, senti muy poco su ausencia cuando, despues de su casamiento, ella fue a vivir al barrio elegante de las villas, lejos del mio.

Durante mis vacaciones en el Lago de Garda (Italia), en septiembre de 1937, recibi una carta de mi madre en la que me decia: “Anita N murio en un accidente automovilistico. La sepultaron ayer en Wald Friendhof”. Me impresione mucho con la noticia. Sabia que mi amiga no habia sido propiamente religiosa. ¿Estaria preparada para presentarse ante Dios? ¿En que estado la habria encontrado su muerte subita? Al dia siguiente escuche misa, comulgue por la intencion de Anita, en la casa del pensionado de las hermanas, donde estaba viviendo. Rezaba fervorosamente por su eterno descanso, y por esta misma intencion ofreci la Santa Comunion.

Durante todo el dia percibi un cierto malestar, que fue aumentando por la tarde. Dormi inquieta. Me desperte de improviso, escuchando algo asi como una sacudida en la puerta del cuarto. Encendi la luz. El reloj indicaba las doce y diez minutos. Nada. Tampoco ruidos. Tan solo las olas del Lago de Garda golpeando monotonas contra el muro del jardin del pensionado. No habia viento. Yo conservaba la impresion de que al despertar encontraria, ademas de los golpes de la puerta, un ruido de brisa o viento, parecido al que producia mi jefe de la oficina, cuando de mal humor tiraba sobre mi escritorio una carta que lo molestaba. Reflexione un instante si debia levantarme. ¡No! Todo no es mas que sugestion, me dije. Mi fantasia esta sobresaltada por la noticia de la muerte. Me di vuelta en la cama, rece algunos Padrenuestros por las animas y me dormi de nuevo.

Soñe entonces que me levantaba de mañana, a las 6, yendo a la capilla. Al abrir la puerta del cuarto, me encontre con una cantidad de hojas de carta. Levantarlas, reconocer la letra de Anita y dar un grito, fue cosa de un segundo. Temblando, las sostuve en mis manos. Confieso que quede tan aterrorizada que no pude rezar. Apenas respiraba. Nada mejor que huir de alli, salir al aire libre. Me arregle rapidamente, puse la carta dentro de mi cartera y sali en seguida. Subi por el tortuoso camino, entre olivos, laureles y quintas de la villa, mas alla del conocido camino gardesano.

La mañana aparecia radiante. En los dias anteriores, yo me detenia cada cien pasos, maravillada por la vista que ofrecian el lago y la Isla de Garda. El suavisimo azul del agua me refrescaba; como una niña que mira admirada a su abuelo, asi contemplaba, extasiada, al ceniciento monte Baldo, que se levanta en la orilla opuesta del lago, hasta los 2.200 metros de altura. Ese dia no tenia ojos para todo eso. Despues de caminar un cuarto de hora, me deje caer maquinalmente sobre un banco ubicado entre dos cipreses, donde la vispera habia leido con placer “La doncella Teresa”. Por primera vez veia en los cipreses el simbolo de la muerte, algo en lo que antes no habia pensado.

Tome la carta. No tenia firma. Sin la menor duda, estaba escrita por Ani. No faltaba la gran “s”, ni la “t” francesa, a la que se habia acostumbrado en la oficina, para irritar al Sr. G. No era su estilo. Por lo menos, no era asi como hablaba de costumbre. Lo habitual en ella era la conversacion amable, la risa, subrayada por los ojos azules y su graciosa nariz…Solo cuando discutiamos asuntos religiosos se volvia mordaz y caia en el tono rudo de la carta. Yo misma me siento envuelta por su excitada cadencia. Hela aqui, la Carta del Mas Alla de Anita N., palabra por palabra, tal como la lei en el sueño.

La Carta

CLARA, NO RECES POR MÍ, ESTOY CONDENADA. Si te doy este aviso – es mas, voy a hablarte largamente sobre esto – no creas que lo hago por amistad. Quienes estamos aqui ya no amamos a nadie. Lo hago como obligada. Es parte de la obra “de esa potencia que siempre quiere el mal y realiza el bien”. En realidad, me gustaria verte aqui, adonde llegue para siempre. No te extrañes de mis intenciones. Aqui, todos pensamos asi. Nuestra voluntad esta petrificada en el mal, es decir, en aquello que ustedes consideran “mal”. Aun cuando pueda hacer algo “bien” (como yo lo hago ahora, abriendote los ojos ante el infierno), no lo hago con recta intencion.

¿Recuerdas? Hace cuatro años que nos conocimos, en M. Tenias 23 años y ya trabajabas en el escritorio desde seis meses antes, cuando yo ingrese. Varias veces me sacaste de apuros. Con frecuencia me dabas buenos avisos que a mi, principiante, me venian muy bien. Pero, ¿que es “bueno”? Yo ponderaba, en aquel entonces, tu “caridad”. Ridiculo… Tus ayudas eran pura ostentacion, algo que desde entonces sospechaba.

Aqui, no reconocemos bien alguno en absolutamente nadie. Pero ya que conociste mi juventud, es el momento de llenar algunas lagunas. De acuerdo con los planes de mis padres, yo nunca tendria que haber existido. Por un descuido se produjo la desgracia de mi concepcion. Mis hermanas tenian 14 y 16 años cuando vine al mundo. ¡Ojala no hubiera nacido! Ojala pudiera ahora aniquilarme, huir de estos tormentos! No hay placer comparable al de acabar mi existencia, asi como se reduce a cenizas un vestido, sin dejar vestigios. Pero es necesario que exista. Es preciso que yo sea tal como me he hecho: con el fracaso total de la finalidad de mi existencia.

Cuando mis padres, entonces solteros, se mudaron del campo a la ciudad, perdieron el contacto con la Iglesia. Era mejor asi. Mantenian relaciones con personas desvinculadas de la religion. Se conocieron en un baile, y se vieron “obligados” a casarse seis meses despues. En la ceremonia nupcial, recibieron solo unas gotas de agua bendita, las suficientes para atraer a mama a la misa dominical unas pocas veces al año. Ella nunca me enseño verdaderamente a rezar. Todo su esfuerzo se agotaba en los trabajos cotidianos de la casa, aunque nuestra situacion no era mala. Palabras como rezar, misa, agua bendita, iglesia, solo puedo escribirlas con intima repugnancia, con incomparable repulsion. Detesto profundamente a quienes van a la Iglesia y, en general, a todos los hombres y a todas las cosas. Todo es tormento. Cada conocimiento recibido, cada recuerdo de la vida y de lo que sabemos, se convierte en una llama incandescente.

Y todos estos recuerdos nos muestran las oportunidades en que despreciamos una gracia. Como me atormenta esto! No comemos, no dormimos, no andamos sobre nuestros pies. Espiritualmente encadenados, los reprobos contemplamos desesperados nuestra vida fracasada, aullando y rechinando los dientes, atormentados y llenos de odio. ¿Entiendes? Aqui bebemos el odio como si fuera agua. Nos odiamos unos a otros. Mas que a nada, odiamos a Dios. Quiero que lo comprendas. Los bienaventurados en el cielo deben amar a Dios, porque lo ven sin velos, en su deslumbrante belleza. Esto los hace indescriptiblemente felices. Nosotros lo sabemos, y este conocimiento nos enfurece. Los hombres, en la tierra, que conocen a Dios por la Creacion y por la Revelacion, pueden amarlo. Pero no estan obligados a hacerlo.

El creyente – te lo digo furiosa – que contempla, meditando, a Cristo con los brazos abiertos sobre la cruz, terminara por amarlo. Pero el alma a la que Dios se acerca fulminante, como vengador y justiciero porque un dia fue repudiado, como ocurrio con nosotros, esta no podra sino odiarlo, como nosotros lo odiamos. Lo odia con todo el impetu de su mala voluntad. Lo odia eternamente, a causa de la deliberada resolucion de apartarse de Dios con la que termino su vida terrenal. Nosotros no podemos revocar esta perversa voluntad, ni jamas querriamos hacerlo.

¿Comprendes ahora por que el infierno dura eternamente? Porque nuestra obstinacion nunca se derrite, nunca termina. Y contra mi voluntad agrego que Dios es misericordioso, aun con nosotros. Digo “contra mi voluntad” porque, aunque diga estas cosas voluntariamente, no se me permite mentir, que es lo que querria. Dejo muchas informaciones en el papel contra mis deseos. Debo tambien estrangular la avalancha de palabrotas que querria vomitar. Dios fue misericordioso con nosotros porque no permitio que derramaramos sobre la tierra el mal que hubieramos querido hacer. Si nos lo hubiera permitido, habriamos aumentado mucho nuestra culpa y castigo. Nos hizo morir antes de tiempo, como hizo conmigo, o hizo que intervinieran causas atenuantes.

Dios es misericordioso, porque no nos obliga a aproximarnos a El mas de lo que estamos, en este remoto lugar infernal. Eso disminuye el tormento. Cada paso mas cerca de Dios me causaria una afliccion mayor que la que te produciria un paso mas rumbo a una hoguera.

Te desagrade un dia al contarte, durante un paseo, lo que dijo mi padre pocos dias antes de mi comunion: “Alegrate, Anita, por el vestido nuevo; el resto no es mas que una burla”. Casi me avergüenzo de tu desagrado. Ahora me rio. Lo unico razonable de toda aquella comedia era que se permitiera comulgar a los niños a los doce años. Yo ya estaba, en aquel entonces, bastante poseida por el placer del mundo. Sin escrupulos, dejaba a un lado las cosas religiosas. No tome en serio la comunion. La nueva costumbre de permitir a los niños que reciban su primera comunion a los 7 años nos produce furor. Empleamos todos los medios para burlarnos de esto, haciendo creer que para comulgar debe haber comprension. Es necesario que los niños hayan cometido algunos pecados mortales. La blanca Hostia sera menos perjudicial entonces, que si la recibe cuando la fe, la esperanza y el amor, frutos del bautismo – escupo sobre todo esto – todavia estan vivos en el corazon del niño.

¿Te acuerdas que yo pensaba asi cuando estaba en la tierra? Vuelvo a mi padre. Peleaba mucho con mama. Pocas veces te lo dije, porque me avergonzaba. Que cosa ridicula la vergüenza! Aqui, todo es lo mismo. Mis padres ya no dormian en el mismo cuarto. Yo dormia con mama, papa lo hacia en el cuarto contiguo, donde podia volver a cualquier hora de la noche. Bebia mucho y se gasto nuestra fortuna. Mis hermanas estaban empleadas, decian que necesitaban su propio dinero. Mama comenzo a trabajar. Durante el ultimo año de su vida, papa la golpeo muchas veces, cuando ella no queria darle dinero. Conmigo, el siempre fue amable. Un dia te conte un capricho del que quedaste escandalizada. ¿Y de que no te escandalizaste de mi? Cuando devolvi dos veces un par de zapatos nuevos, porque la forma de los tacos no era bastante moderna.

En la noche en que papa murio, victima de una apoplejia, ocurrio algo que nunca te conte, por temor a una interpretacion desagradable. Hoy, sin embargo, debes saberlo. Es un hecho memorable: por primera vez, el espiritu que me atormenta se acerco a mi. Yo dormia en el cuarto de mama. Su respiracion regular revelaba un sueño profundo. Entonces, escuche pronunciar m

mi nombre. Una voz desconocida murmuro: “¿Que ocurrira si muere tu padre?”

Ya no lo queria a papa, desde que habia empezado a maltratar a mi madre. En realidad, no amaba absolutamente a nadie: solo tenia gratitud hacia algunas personas que eran bondadosas conmigo. El amor sin esperanza de retribucion en esta tierra solamente se encuentra en las almas que viven en estado de gracia. No era ese mi caso. “Ciertamente, el no morira”, le respondi al misterioso interlocutor. Tras una breve pausa, escuche la misma pregunta. “El no va a morir!”, replique con brusquedad.
Por tercera vez, me preguntaron: “Que ocurrira si muere tu padre?”. Me represente en ese momento en la imaginacion el modo como mi padre volvia muchas veces: medio ebrio, gritando, maltratando a mama, avergonzandonos frente a los vecinos. Entonces, respondi con rabia: “Bien, es lo que se merece. ¡Que muera!”. Despues, todo quedo en silencio.

A la mañana siguiente, cuando mama fue a ordenar el cuarto de papa, encontro la puerta cerrada. Al mediodia, la abrieron por la fuerza. Papa, semidesnudo, estaba muerto sobre la cama. Al ir a buscar cerveza al sotano, debio sufrir una crisis mortal. Desde hacia tiempo que estaba enfermo. (¿Habra hecho depender Dios de la voluntad de su hija, con la que el hombre fue bondadoso, la obtencion de mas tiempo y ocasion de convertirse?).

Marta K. y tu me hicieron ingresar en la asociacion de jovenes. Nunca te oculte que consideraba demasiado “parroquiales” las instrucciones de las dos directoras, las señoritas X. Los juegos eran bastante divertidos. Como sabes, llegue en poco tiempo a tener alli un papel preponderante. Eso era lo que me gustaba. Tambien me gustaban las excursiones. Llegue a dejarme llegar algunas veces a confesar y comulgar. Para decir la verdad, no tenia nada para confesar. Los pensamientos y las palabras no significaban nada para mi. Y para acciones mas groseras todavia no estaba madura.

Un dia me llamaste la atencion: “Ana, si no rezas mas, te perderas”. Realmente, yo rezaba muy poco, y ese poco siempre a disgusto, de mala voluntad. Sin duda tenias razon. Los que arden en el infierno o no rezaron, o rezaron poco. La oracion es el primer paso para llegar a Dios. Es el paso decisivo. Especialmente la oracion a Aquella que es la madre de Cristo, cuyo nombre no nos es licito pronunciar. La devocion a Ella arranca innumerables almas al demonio, almas a las que sus pecados las habrian lanzado infaliblemente en sus manos.

Furiosa continuo, porque estoy obligada a hacerlo, aunque no aguanto mas de tanta rabia. Rezar es lo mas facil que se puede hacer en la tierra. Y justamente de esto, que es facilisimo, Dios hace depender nuestra salvacion. Al que reza con perseverancia, paulatinamente Dios le da tanta luz, y lo fortalece de tal modo, que hasta el mas empedernido pecador puede recuperarse, aunque se encuentre hundido en un pantano hasta el cuello. Durante los ultimos años de mi vida ya no rezaba mas, privandome asi de las gracias, sin las que nadie se puede salvar.

Aqui, no recibimos ningun tipo de gracia. Aunque la recibieramos, la rechazariamos con escarnio. Todas las vacilaciones de la existencia terrenal terminaron en esta otra vida. En la tierra, el hombre puede pasar del estado de pecado al estado de gracia. De la gracia, se puede caer al pecado. Muchas veces cai por debilidad; pocas, por maldad. Con la muerte, cada uno entra en un estado final, fijo e inalterable. A medida que se avanza en edad, los cambios se hacen mas dificiles. Es cierto que uno tiene tiempo hasta la muerte para unirse a Dios o para darle las espaldas. Sin embargo, como si estuviera arrastrado por una correntada, antes del transito final, con los ultimos restos de su voluntad debilitada, el hombre se comporta segun las costumbres de toda su vida.

El habito, bueno o malo, se convierte en una segunda naturaleza. Es esta la que lo arrastra en el momento supremo. Asi ocurrio conmigo. Vivi años enteros apartada de Dios. En consecuencia, en el ultimo llamado de la gracia, me decidi contra Dios. La fatalidad no fue haber pecado con frecuencia, sino que no quise levantarme mas. Muchas veces me invitaste para que asistiera a las predicaciones o que leyera libros de piedad. Mis excusas habituales eran la falta de tiempo. ¿Acaso podria querer aumentar mis dudas interiores? Finalmente, tengo que dejar constancia de lo siguiente: al llegar a este punto critico, poco antes de salir de la “Asociacion de Jovenes”, me habria sido muy dificil cambiar de rumbo. Me sentia insegura y desdichada. Pero frente a la conversion se levantaba una muralla.

No sospechaste que fuera tan grave. Creias que la solucion era tan simple, que un dia me dijiste: “Tienes que hacer una buena confesion, Ani, todo volvera a ser normal”. Me daba cuenta que seria asi. Pero el mundo, el demonio y la carne, me retenian demasiado firme entre sus garras. Nunca crei en la influencia del demonio. Ahora, doy testimonio de que el demonio actua poderosamente sobre las personas que estan en las condiciones en que yo me encontraba entonces. Solo muchas oraciones, propias y ajenas, junto con sacrificios y sufrimientos, podrian haberme rescatado. Y aun esto, poco a poco.

Si bien hay pocos posesos corporales, son innumerables los que estan poseidos internamente por el demonio. El demonio no puede arrebatar el libre albedrio de los que se abandonan a su influencia. Pero, como castigo por su casi total apostasia, Dios permite que el “maligno” se anide en ellos. Yo tambien odio al demonio. Sin embargo, me gusta, porque trata de arruinarlos a todos ustedes: el y sus secuaces, los angeles que cayeron con el desde el principio de los tiempos. Son millones, vagando por la tierra. Innumerables como enjambres de moscas; ustedes no los perciben. A los reprobos no nos incumbe tentar: eso les corresponde a los espiritus caidos.

Cada vez que arrastran una nueva alma al fondo del infierno, aumentan aun mas sus tormentos. Pero, ¡de que no es capaz el odio! Aunque andaba por caminos tortuosos, Dios me buscaba. Yo preparaba el camino para la gracia, con actos de caridad natural, que hacia muchas veces por una inclinacion de mi temperamento. A veces, Dios me atraia a una Iglesia. Alli, sentia una cierta nostalgia. Cuando cuidaba a mi madre enferma, a pesar de mi trabajo en la oficina durante el dia, haciendo un sacrificio de verdad, los atractivos de Dios actuaban poderosamente. Una vez fue en la capilla del hospital, adonde me llevaste durante el descanso del mediodia. Quede tan impresionada, que estuve solo a un paso de mi conversion. Lloraba. Pero, en seguida, llegaba el placer del mundo, derramandose como un torrente sobre la gracia. Las espinas ahogaron el trigo. Con la explicacion de que la religion es sentimentalismo, como siempre se decia en la oficina, rechace tambien esta gracia, como todas las otras.

En otra ocasion, me llamaste la atencion porque, en lugar de una genuflexion hasta el piso, hice solamente una ligera inclinacion con la cabeza. Pensaste que eso lo hacia por pereza, sin sospechar que, ya entonces, habia dejado de creer en la presencia de Cristo en el Sacramento. Ahora creo, aunque solo materialmente, tal como se cree en la tempestad, cuyas señales y efectos se perciben. En este interin, me habia fabricado mi propia religion. Me gusto la opinion generalizada en la oficina, de que despues de la muerte el alma volveria a este mundo en otro ser, reencarnandose sucesivamente, sin llegar nunca al fin.

Con esto, estaba resuelto el angustiante problema del mas alla. Imagine haberlo hecho inofensivo. ¿Por que no me recordaste la parabola del rico Epulon y del pobre Lazaro, en la que el narrador, Cristo, envio despues de la muerte a uno al infierno y al otro al Cielo? Pero, ¿que habrias conseguido? No mucho mas de lo que conseguiste con todos tus otros discursos beatos. Poco a poco me fui fabricando un dios: con atributos suficientes para ser llamado asi. Bastante lejos de mi, como para que no me obligara a tener relaciones con el. Suficientemente confuso, como para poder transformarlo a mi antojo. De este modo, sin cambiar de religion, yo podia imaginarlo como el dios panteista del mundo o pensarlo, poeticamente, como un dios solitario.

Este “dios” no tenia Cielo para premiarme, ni infierno para asustarme. Yo lo dejaba en paz. En esto consistia mi culto de adoracion. Es facil creer en lo que agrada. Con el transcurso de los años, estaba bastante persuadida de mi religion. Se vivia bien asi, sin molestias. Solo una cosa podria haber roto mi suficiencia: un dolor profundo y prolongado. Pero este sufrimiento no llego. ¿Comprendes ahora el significado de “Dios castiga a aquellos que ama”? Durante un domingo de julio, la Asociacion de Jovenes organizaba un paseo de A. Me gustaban las excursiones, pero no los discursos insipidos y demas beaterias. Otra imagen, muy diferente de la de Nuestra Señora de las Gracias de A., estaba desde hacia poco en el altar de mi corazon. Era el distinguido Max, del almacen de al lado. Ya habiamos conversado entretenidos, varias veces. Justamente ese domingo me invito a pasear. La otra, con la que acostumbraba a salir, estaba enferma en el hospital.

El habia comprendido que lo miraba mucho. Pero yo no pensaba en casarme todavia. Su posicion economica era muy buena, pero tambien demasiado amable con todas las otras jovencitas. En aquel entonces yo queria un hombre que me perteneciera exclusivamente, como unica mujer. Siempre conserve una cierta educacion natural. (Eso es verdad. A pesar de su indiferencia religiosa, Ani tenia algo noble en su persona. Me desconcierta que tambien las personas “honestas” puedan caer en el infierno, si son deshonestas al huir del encuentro con Dios).

En ese paseo, Max me colmo de amabilidades. Nuestras conversaciones, es claro, no eran sobre la vida de los santos, como las de ustedes. Al dia siguiente, en la oficina, me reprendiste por no haber ido al paseo de la Asociacion. Cuando te conte mi diversion del domingo, tu primera pregunta fue: “¿Escuchaste Misa?”. Tonta! ¿Como podriamos ir a Misa si salimos a las 6 de la mañana? Me acuerdo que, muy exaltada, te dije: “El buen Dios no es tan mezquino como lo son los curas”. Ahora debo confesar que Dios, a pesar de su infinita bondad, considera todo con mas seriedad que todos los sacerdotes juntos. Despues de este primer paseo con Max, fui solamente una vez mas ala Asociacion, en las fiestas de Navidad. Algunas cosas me atraian. Pero en mi interior, ya me habia separado de todas ustedes.

Los bailes, el cine, los paseos, continuaban. A veces peleabamos con Max, pero yo sabia como retenerlo. Odie mucho a mi rival que, al salir del hospital, se puso furiosa. En realidad, eso me favorecio. La calma distinguida que yo mostraba produjo una gran impresion en Max, que se inclino definitivamente por mi. Consegui encontrar la forma de denigrarla. Me expresaba con calma: por fuera, realidades objetivas, por dentro, vomitando hiel. Estos sentimientos y actitudes conducen rapidamente al infierno. Son diabolicos, en el sentido estricto del termino. ¿Por que te cuento todo esto? Para explicarte que asi me aparte definitivamente de Dios. En realidad, Max y yo no llegamos muchas veces al extremo de la familiaridad. Me daba cuenta que me rebajaria a sus ojos si le concedia toda la libertad antes de tiempo. Por eso, supe controlarme. Realmente, yo estaba siempre dispuesta para todo lo que consideraba util. Tenia que conquistar a Max. Para eso, ningun precio era demasiado alto.

Nos fuimos amando poco a poco, porque ambos teniamos valiosas cualidades que podiamos apreciar mutuamente. Yo era habilidosa, eficiente, de trato agradable. Retuve a Max con firmeza y consegui, al menos durante los ultimos meses antes del casamiento, ser la unica que lo poseia. En eso consistio mi apostasia, en hacer mi dios con una criatura. En ninguna otra cosa puede realizarse mas plenamente la apostasia como en el amor a una persona del otro sexo, cuando ese amor se ahoga en la materia. Esto es su encanto, su aguijon y su veneno. La “adoracion” que tenia por Max se convirtio en mi religion. En ese tiempo, en la oficina, yo arremetia virulentamente contra los curas, los fieles, las indulgencias, los rosarios y demas estupideces.

Trataste de defender con una cierta inteligencia todo lo que yo atacada, aunque quizas sin sospechar que en realidad el problema no estaba en esas cosas. Lo que yo buscaba era un punto de apoyo. Todavia lo necesitaba para justificar racionalmente mi apostasia. Estaba sublevada contra Dios. No te dabas cuenta. Creias que todavia era catolica. Por otra parte, yo queria ser llamada asi; inclusive pagaba la contribucion para el culto. Porque un cierto “reaseguro” nunca viene mal. Es posible que tus respuestas a veces dieran en el blanco. Pero no me alcanzaban, porque no te concedia razon. A raiz de estas relaciones sobre bases falsas, fue pequeño el dolor de nuestra separacion, con motivo de mi casamiento.

Antes de casarme, me confese y comulgue una vez mas. Era una formalidad. Mi marido pensaba igual. Si era una formalidad, ¿por que no cumplirla? Ustedes dicen que una comunion asi es “indigna”. Bien, despues de esa comunion “indigna”, logre un cierto sosiego en mi conciencia. Esa comunion fue la ultima. Nuestra vida conyugal transcurria, en general, en armonia. En casi todos los puntos teniamos la misma opinion. Tambien en esto: no queriamos cargar con hijos. En realidad, mi marido queria tener uno, uno solo, naturalmente. Finalmente consegui que el renunciara a ese deseo. Lo que mas me gustaba eran los vestidos, los muebles lujosos, las reuniones mundanas, los paseos en automovil y otras distracciones. Fue un año de placer el que medio entre mi casamiento y mi muerte repentina.

Todos los domingos ibamos a pasear en auto o visitabamos a los parientes de mi marido. Me avergonzaba de mi madre. Esos parientes se destacaban en la vida social, igual que nosotros. Pero en mi interior, sin embargo, nunca fui feliz. Habia algo indeterminado que me corroia. Mi deseo era que, al llegar la muerte – la que sin duda demoraria mucho todavia – todo acabara. Ocurria tal como yo lo habia escuchado de niña, durante una platica: Dios recompensa en este mundo toda obra buena que se haga. Si no puede premiarla en la otra vida, lo hace en la tierra. Inesperadamente, recibi una herencia de la tia Lote. Mi marido tuvo la suerte de ver sus ingresos notablemente aumentados. Asi pude instalar, confortablemente, una casa nueva.

Mi religion estaba muriendo, como un resplandor crepuscular en un firmamento lejano. Los bares de la ciudad, los hoteles y los restaurantes por los que pasabamos en nuestros viajes, no nos acercaban a Dios. Todos los que los frecuentaban vivian como nosotros: de fuera hacia adentro, no de dentro hacia afuera. Si durante los viajes de vacaciones visitabamos una celebre catedral, tratabamos de divertirnos con el valor artistico de sus obras primas. Los sentimientos religiosos que irradiaban – especialmente las iglesias medievales – yo los neutralizaba criticando circunstancias accesorias de un hermano lego que nos guiaba, criticaba su negligencia en el aseo, criticaba el comercio de los piadosos monjes que fabricaban y vendian licor, criticaba el eterno repique de campanas llamando a los sagrados oficios, diciendo que el unico fin era ganar dinero…

Asi era como conseguia apartar a la gracia, cada vez que me llamaba. Especialmente descargaba mi mal humor frente a algunas pinturas de la Edad Media representando al Infierno en libros, cementerios y otros lugares. Alli el demonio asaba a las almas sobre fuego rojo o amarillo, mientras sus compañeros, con largas colas, le traen mas victimas. Clara, el infierno puede ser dibujado, pero nunca exagerado! Siempre me burlaba del fuego del infierno. Acuerdate de una conversacion durante la cual te puse un fosforo encendido bajo la nariz, preguntandote: “¿Asi huele?”

Apagaste en seguida la llama. Aqui nadie consigue hacerlo. Te digo mas: el fuego del que habla la Biblia no es el tormento de la consciencia. Fuego es fuego! Debe ser interpretado al pie de la letra cuando Aquel dijo: “Apartaos de mi, malditos, id al fuego eterno”. Al pie de la letra! ¿Y como puede ser tocado un espiritu por el fuego material? Preguntaras. ¿Y como puede sufrir tu alma, en la tierra, si pones el dedo sobre una llama? Tampoco tu alma se quema, mientras tanto el dolor lo sufre todo el individuo. Del mismo modo, nosotros estamos aqui espiritualmente presos al fuego de nuestro ser y de nuestras facultades. Nuestra alma carece de la agilidad que le seria natural; no podemos pensar ni querer lo que querriamos.

No te sorprendas de mis palabras. Es un misterio contrario a las leyes de la naturaleza material: el fuego del infierno quema sin consumir. Nuestro mayor tormento consiste en saber que nunca veremos a Dios. ¿Como puede atormentarnos tanto esto, si en la tierra nos era indiferente? Mientras el cuchillo esta sobre la mesa, no te impresiona. Le ves el filo, pero no lo sientes. Pero si el cuchillo entra en tus carnes, gritaras de dolor. Ahora, sentimos la perdida de Dios. Antes, solo pensabamos en ella.

No todas las almas sufren igual. Cuanto mayor fue la maldad, cuanto mas frivolo y decidido, tanto mas le pesa al condenado la perdida de Dios, tanto mas lo sofoca la criatura de que abuso. Los catolicos que se condenan sufren mas que los de otras religiones, porque recibieron y desaprovecharon, por lo general, mas luces y mayores gracias. Los que tuvieron mayores conocimientos sufren mas duramente que los que tuvieron menos. El que peco por maldad sufre mas que el que cayo por debilidad. Pero ninguno sufre mas de lo que merecio. Oh, si esto no fuera verdad, tendria un motivo para odiar!

Un dia me dijiste: nadie va al infierno sin saberlo. Eso le habria sido revelado a una santa. Yo me reia, mientras me atrincheraba en esta reflexion: “siendo asi, siempre tendre tiempos suficiente para volver atras”. Esta revelacion es exacta. Antes de mi muerte repentina, es verdad, no conocia al infierno tal como es. Ningun ser humano lo conoce. Pero estaba perfectamente enterada de algo: “Si mueres, me decia, entraras en la eternidad como una flecha, directamente contra Dios; habra que aguantar las consecuencias”. Como te dije, no volvi atras. Persevere en la misma direccion, arrastrada por la costumbre, con la que los hombres actuan cuanto mas envejecen.

Mi muerte ocurrio asi: Hace una semana – digo segun las cuentas que llevan ustedes, porque si calculara por mis dolores, podria estar ardiendo en el infierno desde hace diez años – mi marido y yo salimos en otra excursion dominguera, que fue la ultima para mi. El dia estaba radiante de sol. Me sentia muy bien, como pocas veces. Sin embargo, me traspasaba un presentimiento siniestro. Inesperadamente, en el viaje de regreso, mi marido y yo fuimos enceguecidos por los faros de un automovil que venia en sentido contrario, a gran velocidad. Max perdio el control del vehiculo. Jesus! Se escapo de mis labios, no como oracion sino como grito. Senti un dolor aplastante: comparado con el tormento actual, una bagatela. Despues perdi el sentido.

Que extraño! Aquella misma mañana, sin explicacion, habia surgido en mi mente este pensamiento. “Por una vez, podrias ir a Misa”. Era como una suplica. Un “¡no!” claro y decidido corto el curso de la idea. “Con esas cosas tengo que terminar definitivamente”. Es decir, asumi todas las consecuencias. Ahora las soporto.

Lo que ocurrio despues de mi muerte lo sabes. La suerte de mi marido, de mi madre, lo que ocurrio con mi cadaver, mi entierro, lo se por una intuicion natural que tenemos todos los que estamos aqui. Del resto de lo que ocurre en el mundo poseemos un conocimiento confuso. Sabemos lo que se refiere a nosotros. De este modo veo el lugar donde vives. Desperte de improviso en el momento de mi muerte. Me encontre inundada por una luz ofuscante. Era el mismo sitio donde habia caido mi cadaver. Sucedio como en el teatro, cuando se apagan las luces de la sala, sube el telon y aparece una escena tragicamente iluminada. La escena de mi vida. Como en un espejo, mi alma se mostro a si misma. Vi las gracias despreciadas y pisoteadas, desde mi juventud hasta el ultimo “no” frente a Dios.

Me senti como un asesino, al que llevan ante el tribunal para ver a la victima exanime. ¿Arrepentirme? ¡Nunca! ¿Avergonzarme? ¡Jamas!

Mientras tanto, no conseguia permanecer bajo la mirada de Dios, a quien rechazaba. Solo tenia una salida: la fuga. Asi como Cain huyo del cadaver de Abel, asi mi alma se proyecto lejos de esta vision de horror.

Este era el Juicio particular.

Hablo el invisible juez: “APÁRTATE DE MI”. De inmediato mi alma, como una sombra amarilla de azufre, se despeño al lugar del eterno tormento.

Epilogo de Clara:

Asi termino la carta de Anita sobre el Infierno. Las ultimas palabras eran casi ilegibles, tan torcidas estaban las letras. Cuando termine de leer la ultima linea, la carta se convirtio en cenizas. ¿Que es lo que escucho? En medio de los duros terminos de las palabras que imaginaba haber leido, resono el dulce tañido de una campana. Me desperte de inmediato. Estaba acostada en mi cuarto. La luz matinal entraba por la ventana. Las campanadas de las Avemarias llegaban de la iglesia parroquial. ¿Todo habia sido un sueño?

Nunca habia sentido antes en el Angelus tanto consuelo como despues de ese sueño. Lentamente, fui rezando las oraciones. Entonces comprendi: la bendita Madre del Señor quiere defenderte. Venera a Maria filialmente, si no quieres tener el destino que te conto – aunque fuera en sueños – un alma que jamas vera a Dios. Temblando todavia por la vision nocturna, me levante, me vesti con prisa y hui a la capilla de la casa. Mi corazon palpitaba con violencia. Los huespedes que estaban mas cerca me miraban con preocupacion. Quizas pensaban que estaba agitada por correr escaleras abajo.

Una bondadosa señora de Budapest, un alma sacrificada, pequeña como una niña, miope, aun fervorosa en el servicio de Dios, de gran penetracion espiritual, me dijo por la tarde en el jardin: “Señorita, Nuestro Señor no quiere ser servido con excitacion”. Pero ella advertia que otra cosa me habia excitado y aun me preocupaba. Agrego, bondadosamente: “Nada te turbe – conoces el aviso de Santa Teresa – nada te espante. Todo pasa. Quien a Dios tiene, nada le falta. Solo Dios basta”. Mientras susurraba esto, sin adoptar un aire magisterial, parecia estar leyendo mi alma.

“Solo Dios basta”. Si, El ha de bastarme, en este o en el otro mundo. Quiero poseerlo alli un dia, por mas sacrificios que tenga que hacer aqui para vencer. No quiero caer en el infierno.

Algunas consideraciones finales

Quizas no como objecion, pero no puede eludirse una pregunta: ¿Como puede haber recordado Clara con tal precision todas las palabras de la carta de la condenada? Respondemos: quien hace lo mas, puede hacer lo menos. Quien comienza una obra, puede tambien concluirla. Si la manifestacion de ultratumba es un hecho preternatural, Clara debe haber tenido tambien una asistencia preternatural para escribir con exactitud todas las palabras leidas durante la vision.

La eternidad de las penas del infierno es un dogma. Seguramente, el mas terrible de todos. Tiene su fundamento en las Sagradas Escrituras. Ver San Mateo XXV, 41 y 46; II a los Tesalonicenses, 1, 9; Judith XIII; Apocalipsis XIV, 11 y XX, 10; todos estos textos son irrefutables, en los que la expresion “eterno” no puede interpretarse como “largo o prolongado”. De la conveniencia de ilustrar este dogma con un caso particular, nos da ejemplo Nuestro Señor Jesucristo en la parabola del rico Epulon y el pobre Lazaro. Alli se encuentra una descripcion del infierno y del peligro de caer en el. No es otra la intencion de este trabajo. Expresa tambien nuestra finalidad el siguiente consejo: “Vayamos al infierno mientras estemos vivos, para no caer alli despues de la muerte”.

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2 Responses to Carta de un alma condenada

  1. Rosalie Lopez on enero 29, 2015 at 3:41 pm

    Bendito sea Dios! Te amo Dios mio, perdoname, por favor, a mi y a todas las personas que conozco.

  2. Sorelly on diciembre 8, 2017 at 11:55 am

    DIOS NOS AMA TANTO, NOS DA LA LIBERTAD DE ELEGIR. CADA SER HUMANO TOMA LA DESICION DE ABRIRLE EL CORAZON A DIOS Y PERMIRTIRLE Q HABITE SIEMPRE EN CADA UNO. DE LO UNICO Q ESTOY SEGURA ES QUE DIOS ES EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA, SOLO EN EL, ESTA MI SALVACION ETERNA DONDE ESPERO LLEGAR AL MOMENTO Q TERMINE MI VIDA TERRENAL.

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