La Visión de León XIII.

octubre 19, 2014

papa leon XIII


La Visión de León XIII.

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¿Qué vio León XIII?

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“Vi demonios y oí sus crujidos, sus

blasfemias, sus burlas.

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Oí la espeluznante voz de Satanás desafiando a Dios,

diciendo que él podía destruir la Iglesia y llevar todo

el mundo al infierno si se le daba suficiente tiempo y poder.

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Satanás pidió permiso a Dios de tener 100

años para poder influenciar al mundo como nunca antes había podido hacerlo.”

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– Según otra versión, el Papa León XIII,

escuchó a Satanás pedir a Dios Padre más poder y tiempo para afligir y probar la

fidelidad de su Iglesia.

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Y Dios en sus inescrutables designios, se lo concedió.

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Entonces vio legiones de demonios que salieron del Infierno,

y como negras sombras invadieron toda la tierra durante un siglo.

Comprendió el Papa la gran importancia que tendría en la lucha el Arcángel San Miguel (Dn. 12,1)

y que era el destinado a encadenar y encerrar con las llaves del abismo a todos los demonios (Apoc. 20, 1-3)

-Otra versión afirma que lo que el Papa León XIII indicó,

tal como fue contado más tarde por aquellos que hablaron con él en el momento de la visión,

sería en un periodo de más de cien años cuando el poder de Satanás alcanzaría su zenit.

Este periodo incluía el siglo veinte.

También León XIII pudo comprender que si el demonio no lograba cumplir su propósito en el tiempo permitido,

sufriría una derrota humillante.

Vio a San Miguel Arcángel aparecer y lanzar

a Satanás con sus legiones en el abismo del infierno.

Después de media hora,

llamo al Secretario para la Congregación de Ritos.

Le entregó una hoja de papel y le ordenó que la enviara

a todos los obispos del mundo indicando que,

bajo mandato, tenía que ser recitada después de cada Misa,

la oración que ahí Él había escrito.

En aquel escrito se ordenaba también rezar esas oraciones de rodillas.

Lo antes escrito (que también había sido publicado en el periódico

“La settimana del clero” el 30 de marzo de 1947)

no cita las fuentes de las que se tomó la noticia.

Pero de ello resulta el modo insólito en que se ordenó rezar esa plegaria,

que fue expedida a los obispos diocesanos en 1886.

Como confirmación de la que escribió el padre Pechenino tenemos el autorizado

testimonio del cardenal Nasalli Rocca que,

en su carta pastoral para la cuaresma,

publicada en Bolonia en 1946, escribe:

“León XIII escribió él mismo esa oración.

La frase [los demonios]

“que vagan por el mundo para perdición de las almas”

tiene una explicación histórica, que nos fue referida varias veces por su

secretario particular, monseñor Rinaldo Angeli.

León XIII experimentó verdaderamente la visión de los espíritus infernales

que se concentraban sobre la Ciudad Eterna (Roma);

de esa experiencia surgió la oración que quiso hacer rezar en toda la Iglesia.

El la rezaba con voz vibrante y potente:

la oímos muchas veces en la Basílica vaticana.

No sólo esto,

sino que escribió de su puño y letra un exorcismo especial contenido en el Ritual romano

(edición de 1954, tít. XII, c. III, pp. 863 y ss.).

El recomendaba a los obispos y los sacerdotes que rezaran a menudo ese exorcismo

en sus diócesis parroquiales.

El, por su parte, lo rezaba con mucha frecuencia a lo largo del día”.

– Otra versión fue la del Cardenal Segura, Arzobispo

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– Otra versión fue la del Cardenal Segura, Arzobispo de Sevilla,

que en las interesantes conferencias que dio en la catedral de

Sevilla durante la Cuaresma de 1950 dio a conocer una

“importantísima revelación que tuvo el gran pontífice León

XIII”: “Se encontraba éste ofreciendo el Santo Sacrificio cuando

los sacerdotes familiares que le ayudaban observaron que el

pontífice súbitamente, levantaba la cabeza, mientras que en su

semblante se dibujaba una expresión de admiración y al mismo

tiempo de horror, que le impidió, por unos momentos, el poder

continuar la Misa.

Repuesto de la impresión y concluido el Santo Sacrificio, se retiró

inmediatamente a su despacho de trabajo, y al cabo de media

hora hizo llamar al Cardenal prefecto de la Sagrada

Congregación de Ritos, y le dio unas cuartillas en las que había

redactado unas oraciones, ordenándole que las hiciese llegar a

todos los obispos del mundo, para que fuesen rezadas después de

la Misa. Y como una persona de su confianza le preguntase qué

era lo que le ocurrió, pensando que había sido favorecido, sin

duda, por alguna gracia extraordinaria, León XIII le confió que,

en efecto, había visto a Nuestro Señor hablando con Satanás –

como la Sagrada Escritura nos recuerda otra conversación

semejante a propósito de Job-, y en el curso de ella el demonio se

jactó que tenía medio destruida a su Iglesia, y que si tuviese más

libertad la destruiría por completo. Entonces el Señor le preguntó

que cuánto tiempo necesitaba para destruirla, y Satanás le

contestó que cincuenta o sesenta años le bastaban. Dios le

concedió ese plazo, pero le dijo que después se verían…”

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