mayo 10, 2021

Dios premia toda obra buena

Dios premia toda obra buena

Pues siempre recordaba lo que oí en un sermón cierto día de mi juventud: que Dios premia toda obra buena, y cuando no lo podrá hacer en la vida venidera, lo hará en la presente.

Y en efecto, hasta tuve una inesperada herencia de mi tía Lotte, y mi marido logró ingresos mucho mayores, con lo cual pudimos arreglar más elegantemente nuestra vivienda.

La religión nos hace llegar su luz salvadora, pero ya descolorida y débil, y tan sólo de lejos, porque, después de casados, quizá hasta ya no fueran casi nunca a misa en domingos ni en otros días de precepto, como hacen muchos matrimonios.

Para colmo, los cafés y los hoteles que nos recibían en nuestras excursiones, nos apartaban cada día más de Dios…

Si en nuestros viajes visitábamos alguna vez las Iglesias, lo hacíamos tan sólo por las obras de arte que había en ellas. El soplo religioso de las catedrales se neutralizaba con la crítica de algo accesorio: un fraile taciturno y encapuchado, o de pobre indumentaria; lo raro de que los monjes elaboren licores, el persistente repicar de las campanas… Todo esto, por el afán de censurar y juzgar mal de todo lo bueno, cooperó a apartar de mí la Gracia que de vez en cuando llamaba a mi corazón.

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