enero 26, 2022

Los dos dudaban del infierno

Los dos dudaban del infierno

Dos médicos eran muy íntimos amigos. Un día en que comían juntos, salió en la conversación el tema de la vida de ultratumba y hablaron de la existencia del infierno, de la cual los dos dudaban mucho. Y sin más llegaron a la conclusión de que el primero que marchara al otro mundo viniese a avisar al amigo acerca de si existía ese lugar de tormentos.

Pasaron unos meses… Una noche, uno de los dos, estando bien dormido en cama, después de un día de mucho trabajo por su oficio, «soñó» que su amigo entraba en su recámara… ¿Qué tal?… ¿A qué se debe esta visita aquí y a esta hora’

-Vengo a avisarte «que sí existe el infierno».

-Este se echó a reír por lo chistoso y novedoso, -para él, del motivo de la risa. Y, como para seguir la «broma», le dice:

-Muy bien demuestra lo que me estás asegurando, pues no es suficiente afirmarlo.
-¿Adónde fuiste anoche?, le pregunta el recién llegado.
-A visitar a uno de mis enfermos que está bastante grave.
-Y ¿qué le hiciste?
-Pues…lo inyecté.
-¿Y no te pasó nada especial en esa visita?. o mejor ¿no te faltó nada?
-Pues…lo estoy pensando… ¡Ah sí, extravié la sierrita y me molestó mucho esto, no tanto por la importancia de la misma, cuanto por el apuro del momento! Tuve que romper la ampolla con las manos y ni después me fue posible hallarla.

¿Sabes dónde está?
¿Dónde?
-La tienes en la valenciana de tu pantalón.
Se rió, entonces, el amigo desde su cama.
-Y ésta, -siguió diciendo con autoridad el recién llegado – es la prueba de que «sí existe el infierno».
Tras todo esto, continuó durmiendo aquél, soñándose con otras cosas; pero poco después, cuando se despertó por la mañana, le vino inmediatamente el recuerdo del sueño y pensó telefonear al doctor su amigo para contarle, y reírse juntos, del extraño sueño que había tenido acerca de él.

Mas al coger el pantalón para vestirse, salió de la valenciana la sierrita que cayó al suelo. Este detalle le sorprendió mucho…

Terminó de vestirse y bajó a tomar el desayuno. Mientras desayunaba, según su costumbre, leyó un momento el periódico. Y su sorpresa fue enorme al encontrar la «esquela de defunción del doctor N.N.», cerciorándose de que el día anterior se había ahogado…

Quedó profundamente impresionado; no se creía a sí mismo… Fue tan fuerte el impacto que recibió por esta noticia, que ni él sabe cuánto tiempo se quedó fuera de sí e invóvil. Al rato se paró, y como un autónoma salió y fue al consultorio, llamando la atención de todos por su tan extraño proceder…

Tanto le sorprendió lo que había sucedido y tanto se convenció de la existencia del infierno, que después tomó la firme resolución de un cambio radical de su vida. Se inscribió en varias asociaciones religiosas de su parroquia para, como él decía, asegurar más su salvación eterna.

Advertencia: El Padre J.Luis González, que fue Provincial de los Salesianos de San Juan Bosco en México, afirmó que este hecho era enteramente cierto o histórico.

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