mayo 10, 2021

SOMOS TEMPLOS DEL ESPÍRITU SANTO

Somos templos del Espíritu Santo.

«Todo me es licito;  mas no todo me conviene.  Todo me es lícito;  mas  ¡No me dejaré dominar por nada!  La comida para el vientre y el vientre para la comida.  Mas lo uno y lo otro destruirá Dios.  Pero el  cuerpo no es para la fornicación,  sino para el Señor , y el Señor para el cuerpo no es para la fornicación,  sino para el  Señor, y el Señor para el cuerpo. Y  Dios,  que resucitó al Señor,  nos resucitará también a nosotros mediante su poder.

¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?  Y ¿había de tomar yo los miembros de Cristo para hacerlos miembros de prostituta? ¡De ningún modo! ¿O no sabéis que quien se une a la prostituta se hace un solo cuerpo con ella?  Pues  está dicho:  los dos se harán una sola carne.  Mas el que se une al Señor, se hace un  solo espíritu con él. ¡Huid de la fornicación! Todo pecado que comete el hombre queda fuera de su cuerpo, mas  el que fornica,  peca contra su propio cuerpo.

¿O no sabéis que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu Santo, que está  en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis?  ¡Habéis sido bien comprados! Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo» (I Co 6, 12-20)

Lo  que  se  siembra  eso  se cosecha,  el mal o  el  bien.

«No  os engañéis;  de Dios nadie se burla.   Pues lo que uno siembre,  eso cosechará: el que siembre en su carne ,  de la carne cosechará corrupción; el que siembre en el espíritu,  del espíritu cosechará vida eterna.  No nos cansemos de obrar el bien; que a su tiempo nos vendrá la cosecha si no desfallecemos»  (Ga  6,7-9).

Jesús  nos  ha  preparado  un  lugar  en  el  cielo.

«No se turbe vuestro corazón.   Creéis en Dios:   creed  también  en  mí,   En la casa de mi Padre hay muchas mansiones;   si  no,  os  lo habría dicho;  porque voy a prepararos un lugar.   Y cuando haya ido  os  haya preparado  un lugar,  volveré y  os  tomaré  conmigo,   para  que donde esté yo estaréis también vosotros»   (Jn 14, 1-3).

Al nombre de Jesús toda criatura dobla la rodilla.

«Nada hagáis por rivalidad, ni por vanagloria, sino con humildad,  considerando  cada cual a los demás como superiores a sí mismo,  buscando cada cual no  su  propio interés sino el de los demás.  Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo:

El cual,   siendo de condición divina,  no retuvo ávidamente el ser igual a Dios.  Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo,  haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre,  y se humilló  a sí mismo,  obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz.  Por lo cual Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre , que está  sobre todo nombre.

Para que al  nombre  de  Jesús  toda rodilla  se  doble en los cielos,  en la tierra  y  en  los abismos»    (Flp 2, 3-10).

Jesús  tiene  todo  poder  en  el  cielo  y  en  la  tierra.

«Por  su parte,  los once discípulos marcharon a Galilea,  al monte que Jesús les había indicado.  Y al verle le adoraron;  algunos sin embargo dudaron.  Jesús  se  acercó  a  ello  y  les HABLÓ ASÍ:  Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra.  Id pues, y haced discípulos  a todas  las  gentes,   bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del  Espíritu  Santo,  y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado.  Y   he aquí  que yo estoy con vosotros todos lois días hasta el fin del mundo»  (Mt 28, 16-20).

A  Dios  se le debe amar con todas las fuerzas.

«Escucha,   Israel;  Yahveh nuestro Dios es el único Yahveh.  Amarás a Yahveh tu Dios con todo tu corazón,  con toda tu alma y con toda tu fuerza. Queden en tu corazón estas palabras que yo te dicto hoy.  Se las repetirás a tus hijos,  les hablarás de ellas si estás en casa como si vas de viaje,  así acostado como levantado;  las atarás a tu mano como una señal,  y serán como una insignia entre tus ojos;   las escribirás en las jambas de tu casa y en tus puertas»  (Dt 6, 4-9).

«Mas los fariseos,  al enterarse de que había tapado la boca a los saduceos,  se reunieron en grupo, , y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba:  Maestro,  ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?  Él le dijo:   Amarás al Señor,  tu  Dios,  con todo tu corazón, con toda  tu  alma  y  con toda  tu  mente»  (Mt 22, 34-37).

Fuente: Pbro. José Jil Portilla

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